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Totoaba: cien años de pesca y tráfico



Totoaba: cien años de pesca y tráfico


Tomado de El Universal
Elisa Villa Román
5 de junio de 2019

Una serie de malas decisiones de carácter internacional puso al pez totoaba al borde de la extinción y sentenció a otras especies del Mar de Cortés. Hoy es el día Internacional de la lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada y recordamos la caza desmedida de esta especie.

La totoaba, además de la vaquita marina, es uno de los animales del Alto Golfo de California que está en peligro de extinción. Su vulnerabilidad viene de la pesca desmedida –e ilegal– por su alto valor en el mercado.

En el día Internacional de la lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, recordamos cómo se cazaba la totoaba a principios del siglo pasado cuando aún estaba permitido.

Aunque en los años 20 ya se tenía registro de la sobrepesca de este animal marino, fue hasta 1940 que el gobierno mexicano implementó medidas de protección.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la pesca ilegal es responsable de que actualmente se pierdan hasta 26 millones de toneladas de pescado al año, con un valor económico de 10 a 23 mil millones de dólares e incalculables costos ambientales.

Esta visión era diferente el siglo pasado. La carne de totoaba era altamente demandada en Estados Unidos y varias regiones de México, donde su precio iba de los 20 centavos por kilogramo al inicio de la temporada y terminaba en cinco centavos.

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Los cardúmenes en el Alto Golfo de California eran tan grandes que rompían las hélices de las lanchas, según testimonios de pescadores de los años 20. En la foto, pescadores de los años 50 golpean un pez totoaba con un palo a bordo de su embarcación. Foto: Archivo Casasola. Fuente: Mediateca INAH.

“En aguas cercanas a Guaymas, Sonora, empiezan a llegar como todos los años entre el otoño y el invierno, grandes cardúmenes de totoaba, pescado de muy buena calidad, de gran tamaño. Los pescadores locales regresan con fuertes cargamentos diariamente”.

Ahí, a la vista de todos, se gestaba una catástrofe ambiental que décadas más tarde pondría en riesgo la vida marina de la zona.

Así lo describió un reportero de EL UNIVERSAL, en una nota del 29 de octubre de 1924:

“Por otra parte, los buches (vejiga natatoria) de ciertos peces que aquí no se utilizan en las comidas, los compran agentes de casas exportadoras del Asia pagándolos a cuatro dólares el kilo, con lo que los pescadores redondean sus ganancias. Ya comienzan a hacerse las primeras remesas de esos buches”.

La situación de Guaymas no era prometedora. El mismo corresponsal documentó que la sequía había dejado grandes pérdidas agrícolas y que la actividad económica se inclinó hacia la pesca.

Fueron tiempos difíciles y el país se recuperaba de la Revolución, guerra terminada sólo cinco años atrás. No hay conflicto sin antecedentes ni razones.
Para 1925 ya se hablaba abiertamente de la gran demanda que la totoaba tenía en China y Estados Unidos.

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La Totoaba (Totoaba macdonaldi) es una especie de pez que habita solamente en el Golfo de California (es endémica) y está incluida en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES por sus siglas en inglés), por lo que su movimiento transfronterizo solo se permite con fines de investigación y educación. Además, esta especie se encuentra enlistada en la norma NOM-059-SEMARNAT-2010 bajo la categoría de “En Peligro de Extinción”, según datos de PROFEPA (2018). En la foto, pescadores cargan un tronco con pescados totoaba en bahía de Kino, Sonora. Foto: Archivo Casasola. Recuperada de la Mediateca del INAH.

“El artículo adquiere mayor demanda de año en año y es así que su precio aumenta también progresivamente. El buche exportado al continente amarillo (sic) se adquiere aquí, en Guaymas, el lugar donde se efectúan las transacciones de mayor importancia”.

Un pescador le dijo al reportero que “unos americanos” habían recorrido las aguas donde abundaba la totoaba y que esperaban establecer una empresa de mariscos.

Según los empresarios, de la zona podían extraer hasta medio millón de peces al día con dos grandes empacadoras.

De hecho, en varias ciudades de Estados Unidos como Los Ángeles o El Paso, tenían un particular interés sobre Guaymas, Sonora, para hacer negocios o como lugar de descanso.

“De las tres citadas y de otras varias, en el término de una semana se han recibido solicitudes en la Cámara de Comercio. De Los Ángeles se piden detalles sobre el lugar como centro para la caza y pesca. De El Paso, los solicitan para la exportación de totoaba”, se leía en EL UNIVERSAL de los años 20.

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En una nota publicada el 3 de enero de 1926 se describe cómo los barcos transportan varias toneladas de totoaba con destino a Asia, donde el buche de este pescado es considerado un símbolo de estatus y poderío económico. Fuente: Hemeroteca EL UNIVERSAL.

En enero de 1926 Estados Unidos prohibió la pesca en sus aguas durante cuatro años y los mares mexicanos comenzaron a sobreexplotarse.

El Mar de Cortés o Golfo de California fue el encargado de surtir la demanda de mariscos a los mercados estadounidenses. El pez más solicitado era la barracuda, del que partían camiones repletos de carne.

Quien escribió esta noticia opinó: “cuando menos debería procurarse refrigerar dentro de nuestro territorio los productos que están extrayéndose del Golfo de Cortés. Con ello ganaría la región, ya que se establecería la industria hielera”.

A principios de los años 30 iniciaron las primeras vedas a la pesca de totoaba. De hecho, una disposición a nivel federal de 1933 decía que únicamente las sociedades cooperativas de pescadores podrían ejercer esa industria con una licencia.

Sin embargo, era muy difícil que los pescadores formaran cooperativas y aunque se hicieron esfuerzos por otorgar permisos a pequeños productores, fueron las empresas quienes más ganaron.

En el pueblo de Guaymas, una nueva compañía empezó a operar en diciembre de 1933 A diferencia de sus competidoras, no transportaban la totoaba en ferrocarril hacia Estados Unidos.

Tenían un camión con capacidad de cuatro toneladas que hacía dos viajes a Los Ángeles cada semana, en un trayecto de cuarenta horas.

Después se supo que otra empresa contaba con diez barcos de motor que llevaban las totoabas de Sonora a Estados Unidos, donde tenían alta demanda.

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Algunos cargamentos de totoaba llegaron a la Ciudad de México, donde el pescado comenzaba a popularizarse desde mediados de los años 30. En la imagen, un pescador lanza una red desde un barco en Bahía Kino, Sonora Foto: Archivo Casasola. Fuente: Mediateca INAH.

Así, la explotación desmedida continuó durante los siguientes años con vedas intermitentes de 1940 a 1955 para proteger la reproducción de la totoaba.

Para 1975 se vedó permanentemente la captura del pez en el Golfo de California, de acuerdo con el estudio “crecimiento y mortalidad de la Totoaba macdonaldi del alto golfo de California”.

Pero no fue suficiente. La totoaba se seguía pescando de forma ilegal y para finales de los años 80 los efectos de la pesca desmedida se hacían notar, según publicaciones periódicas de la época.

En 1991 la totoaba fue declarada especie en peligro de extinción. La vaquita marina, el único mamífero marino originario de México, corrió con la misma suerte.

Aunque no se le caza directamente, las redes de los pescadores de totoaba invaden su hábitat y quedan atrapadas, donde después de algún tiempo mueren.

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“La totoaba sólo es encontrada en una extensión marítima comprendida entre el Norte de la Baja California y las aguas de Topolobampo. De esta especie hay ejemplares de gran tamaño y peso. Y desde hace algunos años tiene buen mercado en varias ciudades del país vecino”. EL UNIVERSAL. 24 de octubre de 1935. Foto: Archivo Casasola. Fuente: Mediateca INAH.

No basta con prohibir la pesca ilegal: se debe detener todo tipo de pesca si se desea salvar a estos animales de la extinción, de acuerdo con un reporte del Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita.

Según el comité, para que las medidas sean efectivas se debe prohibir a los pescadores el transporte, posesión y desplegado de redes en zonas no permitidas para la pesca.

Durante los primeros años del nuevo milenio, organizaciones no gubernamentales hicieron varios esfuerzos por conservar a las especies amenazadas directa e indirectamente por la pesca desmedida.

Ya no sólo era el problema de la pesca ilegal. Según reportes del año 2002, el agua de los cultivos en California retornaba al Mar de Cortés con un alto grado de salinidad y contaminación, dañando la fauna marina.

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En 2018, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) aseguró 21 vejigas natatorias de Totoaba (Totoaba macdonaldi), en el área de paquetería de la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), los cuales provenían de la ciudad de Mazatlán y tenían como destino China. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Además, el lucrativo negocio de la totoaba fue aprovechado por el crimen organizado. De acuerdo con una investigación publicada por EL UNIVERSAL en 2016, el empresario Kam Wing Chan utilizaba su mueblería en Estados Unidos para traficar la vejiga natatoria de la totoaba. Fue atrapado en 2015.


En algún momento la totoaba detonó la actividad económica al norte del país. Hoy se sabe que cada buche cuesta alrededor de 8 mil dólares por kilogramo en México, pero al llegar a Asia alcanzaba los 60 mil.

Nuestra foto principal es un pescador a bordo de un barco, sacando el anzuelo a un pez totoaba. La foto comparativa antigua retrata a un grupo de pescadores cargando pescado totoaba en transportes. Ambas son de 1950 pertenecen a la mediateca INAH. La foto a color es de 2017, cuando la PROFEPA aseguró 375 buches de totoaba. Crédito: NTX y PROFEPA.

Fuentes:
Hemeroteca EL UNIVERSAL
Fototeca EL UNIVERSAL
Mediateca INAH
“Día Internacional de la lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, 5 de junio”, artículo de la Organización de las Naciones Unidas
“Crecimiento y mortalidad de la Totoaba macdonaldi del alto golfo de California”, artículo del Centro Regional de Investigación Pesquera de Ensenada, B.C.
Reportaje “Totoaba, un pez mexicano más caro que la cocaína”. Acceso: https://bit.ly/2wDrGBA

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